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Amor y locura

septiembre 26, 2007

Hace mucho, mucho tiempo, se reunieron en un rincón de este planeta los sentimientos de los humanos. El aburrimiento no paraba de bostezar, entonces la locura, tan loca, propuso jugar al escondite, qué divertido!

La intriga, levantó la ceja intrigada, y la curiosidad preguntó… mmm en qué consiste ese juego? La locura, explicó “Yo me tapo la cara, y empiezo a contar hasta un millón. Mientras, os escondéis, y cuando haya terminado de contar, os busco. Al primero que encuentre, le toca contar de nuevo”.

 El entusiasmo bailó entusiasmado, la alegría saltaba y saltaba, hasta que convenció a la duda y a la apatía. Pero… no todos se animaron a participar. La verdad no quería esconderse! A la soberbia le pareció un juego muy tonto, porque le molestaba no haber tenido la idea. La cobardía prefería no arriesgarse.

Comenzó el juego… la locura contaba uno, dos, tres… Mientras, la pereza de dejó caer en el primer hueco que encontró, la fe subió al cielo, la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su esfuerzo consiguió subirse a la copa del árbol más alto. Entretanto, la generosidad ofrecía cada sitio que encontraba a alguno de sus amigos: un lago cristalino para la belleza, una rendija de un árbol para la timiez, una ráfaga de viento para la libertad! Asique, finalmente, se acurrucó en un rayo de sol.
El egoísmo encontró un sitio sólo para él, un sitio perfecto. La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira!), y la pasión y el deseo en los volcanes de Japón! El olvido… se le olvidó, pero no importa.

La locura ya contaba 999.999, y el amor no había encontrado su sitio, todo estaba ocupado por otros sentimientos. Todo, menos un hermoso rosal. Tan tierno, se escondió entre sus flores.

Un millón! La locura, empezó a buscar. La pereza, en el primer hueco… a la fe la escuchó hablar desde el cielo, y la pasión y el deseo vibraron con los volcanes de Japón. La envidia fue fácil, y seguidamente el triunfo. El egoísmo salió por sí solo, el sitio no resultó ser tan perfecto. De tanto buscar, a la locura le entró sed, y al acercarse al lago encontró a la belleza. La duda estaba sentada, pensando dónde esconderse, con el olvido, que se le había olvidado… Y así, poco a poco, fue encontrando a todos.

Pero el amor no aparecía! Buscó por todo el planeta, no estaba ni siquiera en Japón! Entonces, se sentó a descansar, al lado de un rosal. Las rosas, tan cursis, le recordaron al amor. No tuvo más que mover un poco las flores, y… auch! Las espinas habían herido al amor en los ojos, la locura no sabía qué hacer: lloró, pidió perdón, prometió…

Desde entonces, EL AMOR ES CIEGO, Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.

BUENAS NOCHES🙂

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